14 Mar El Encuentro

Mis primeros pasos  los di  entre flores. Vivíamos en una pequeña casita a las afueras de la ciudad; teníamos hortensias, lirios, madreselvas, pensamientos , violetas… y en el jardín delantero crecía un gran sauce llorón que nos protegía  del calor en los meses de verano. No creo que hiciera nada en particular allí tumbada, tan solo sentir el frescor de la tierra bajo mi cuerpo y escuchar el sonido del silencio.

Yo siempre le pedía a mis padres muchos cuentos con dibujos de hadas, por eso no me pareció nada extraño que mientras jugaba en uno de mis lugares favoritos apareciera una joven  con el pelo más largo que había visto en mi vida y lleno de flores. Sus ojos eran de un azul intenso y brillaban con una fuerza especial. Me sonrió sin decir nada.

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Yo la miré y la sonreí también e inmediatamente nos pusimos a jugar. A mi me encantaba hacer comida con las plantas, y de eso sabía mucho mi amiga, nos hicimos un vino especial con  pétalos de gladiolos y luego machacamos unas hojas alargadas con una piedra especial muy brillante que ella  sacó de algún lugar.

Cuando terminamos  nos quedamos mirando el cielo muy calladas. Tuve una sensación de plenitud inmensa, desaparecieron todos mis miedos: miedo a la oscuridad, a que me regañaran, a que no me quisieran, a quedarme sola, a no hacer las cosas bien, a ser rechazada, a que viniera un monstruo y me llevara… y en lugar de todo eso me invadió la  seguridad de que era muy querida, de que todo era luz, de que no estaba sola  y los monstruos no podía acercarse … “No hay que luchar contra ellos, me dijo mi amiga,  se alimentan de tu miedo y desaparecen  al  sentirte segura.”

Me quedé así de tranquila dormida a su lado con la certeza de que la luna nos sonreía y oliendo el perfume de las flores de su cabello.

Cuando me desperté estaba en mi cama, y mi madre me traía el desayuno… leche con cuatro  galletas maría … la miré pero no dije nada, porque no quería que me cayera una bronca, pero todo parecía ser como un día normal.

Quizá había sido todo un sueño, pensé yo….  así que  me tomé mi leche apurada y comencé a vestirme para ir a colegio.

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Caminaba despacio y un poco triste echando de menos a mi amiga, cuando noté algo dentro del bolsillo de mi abrigo. Metí la mano, y si! era  la piedra lisa y brillante que habíamos usado el día anterior para hacer nuestras comidas. Miré a mi alrededor pero no vi a nadie…  así que me quedé quieta un instante. De pronto una brisa suave comenzó a soplar, y sin saber cómo sentí algo suave que tocaba mi mano … mientras esa sensación de plenitud inundaba de nuevo mi ser.  Apreté fuerte la piedra y continué caminando sonriendo feliz.

La magía existe, si tu la sientes dentro de tí. 

 

 

 

Modelo Elsa Illari

Texto, Fotografías & retoque: Irene Blanco

 

 

2 Comentarios
  • Ramon Hidalgo
    Publicado a las 22:01h, 14 marzo Responder

    Las fotos…la historia…has logrado una sintonía perfecta Irene.!
    Permíteme decirte que no le pongas barreras a ese caudal que esta en tu interior….déjalo fluir …le gustara a mucha gente ,pero sobre todo te gustara a ti y darás rienda suelta a esa sensibilidad que tienes …

    • Irene Blanco
      Publicado a las 22:28h, 14 marzo Responder

      Gracias por tus amables palabras Ramón!
      Lo importante es disfrutar escribiéndolo.

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